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Koldo Chamorro. El Santo Christo Ibérico


Clemente Bernad

Museo de Navarra, Museo Lázaro Galdiano y PHotoESPAÑA
Museo Lázaro Galdiano — Serrano, 122 28006 Madrid  

  • Mar-dom / Tue-Sun: 9.30 - 14.30 h.

Gratis
METRO: Gregorio Marañón | Rubén Darío


Para Koldo Chamorro la fotografía era esencialmente documentación, y la esencia de la documentación es la identidad, más aún la propia. Koldo entendió en los últimos años del franquismo –como otros fotógrafos de su generación–, que había ciertas manifestaciones religiosas y fiestas populares que se encontraban en trance de desaparición, porque el cambio político las arrojaría presumiblemente al olvido y por el avance de la globalización. Por ello, en 1974, comenzó esta serie, El Santo Christo Ibérico, ensayo fotográfico que planteó como un gran proyecto monográfico a largo plazo para reflexionar visualmente sobre los distintos aspectos de las liturgias y expresiones cristianas de la península ibérica, así como sobre los efectos de la cruz cristiana en nuestro paisaje social.

 

Seguramente se trate del trabajo sobre el que más reflexionó y para el que realizó una mayor labor de introspección y de análisis de sus propias circunstancias personales. Koldo medita desde las entrañas de una estructura familiar que hunde sus raíces en la tradición y en la religión. El autor dio por finalizado este proyecto al celebrarse el Jubileo católico del año 2000. Su interés no era preservar fotográficamente ese patrimonio supuestamente moribundo, sino elaborar un profundo análisis social que mostrase las contradicciones de un país lastrado por el atraso y el oscurantismo, que avanzaba velozmente hacia la modernidad.

 

Koldo Chamorro trabajó como fotógrafo profesional durante más de treinta y cinco años en los que se embarcó en múltiples proyectos centrados en cuestiones acerca de las estructuras sociales, la religión, las fiestas, los toros, el cuerpo o el sexo, casi siempre en forma de series o “ensayos fotográficos” elaborados a largo plazo, en los que trataba de desentrañar las claves de los temas que fotografiaba.

 

Koldo era curioso, empático, imprevisible, crítico implacable, observador, tenaz, apasionado y minucioso. Voló libre como fotógrafo y transgredió normas en unos años en los que los lastres de España eran abundantes y parecían eternos. Ahora, diez años después de su muerte, sus desterradas imágenes se nos aparecen renovadas, liberadas de un exilio injusto y de un abandono incomprensible. Reencarnadas y dispuestas no a allanar terrenos donde sentirnos más cómodos, sino a desestabilizar, a inquietar y a preguntarnos una y otra vez qué hacemos aquí y qué quedará de nosotros tras este tránsito.

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